En caso de duda, consulte con el tablero.
Alguno de estos adolescentes (y no tan adolescentes) sabían como por casualidad mover las piezas del ajedrez y decidieron ponerse a prueba ellos mismos. Al parecer, todo comenzó después de una larga y perniciosa borrachera de tinto sin casera, lo cual presagiaba en parte el futuro que se avecinaba.
Y como por arte de magia, allá por 1979, se fundó el Club de ajedrez Aleph,entre cuyos padres se encontraban Francisco Jimenez Morales, Jose Manuel Llera y Ocaña (no confundir con el ciclista).El primero de ellos, el actual John Wayne, se encontraba por aquellas tiernas fechas dándole mamporros a los libros de física, y gritando como un condenado que Newton tenía razón.Al parecer, esto debió afectarle,porque años más tarde le dio por afiliarse a la Asociación Internacional Pro-Newton For Ever. El segundo,Llera, quedó muy afectado al no poder convertir la mezcla de una naranja y de un escarabajo pelotero del Caribe en el remedio contra la peste equina, por lo que decidió vincular su futuro a la química, en busca del Santo Grial. Ocaña, deambulaba por las calles sin rumbo fijo, y al parecer, una maliciosa amistad con Wayne le atrajo al mundo oculto de los peones, aunque aún él no sabe porqué. (De hecho, el próximo Expediente X trata de su caso). En fin, los padres de nuestro Club, no eran precisamente la Madre Teresa de Calcuta, aunque sin embargo, funcionó.
Lo del nombre de Aleph ya no está tan claro. Los origenes son algo turbios, y no sabemos con certeza si se trata de una clave intergaláctica para conectar con ET, o si en realidad encierra un oscuro objeto del deseo.El caso es que este nombre tan infame, ha sido arrastrado por todos los tableros sevillanos sin que nadie haya podido aclarar nunca nada.Lo unico cierto es que desde su origen, tanto el nombre como sus afiliados han sido objeto de extraños ataques gastroduodenales y de histeria colectiva, que llego incluso a derivar en una ocasión, a que un equipo rival exigiera un exorcismo previo a las partidas, lo cual no evitó que un peón-bomba, bastante sospechoso, volara la mano del tablero número 1 del rival.
continuará...